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Los tres maridos

Trieja Manuel Bermúdez Alejandro Rodríguez Víctor Hugo Prada Matrimonio Igualdad Amor Derecho Libertad Revista Semana 11 de Junio de 2017 Fotos: Pablo Andrés Monsalve Mesa

En Medellín se llevó ante un notario una trieja: una unión marital entre tres personas, en este caso del mismo sexo. Esta es su historia de amor.

Por el ventanal, desde donde se ve el centro de Medellín y la caída de la montaña oriental con sus casas adoquinadas, el edificio Coltejer, el metro, el río y el aeropuerto, entra la luz lechosa de la tarde de domingo. La sala es espaciosa con muebles de diferentes estilos dispuestos para ver el interior: la cocina abierta, los arbustos que crecen salvajes en el patio y los cuadros. Los cuadros son así: un cartel que dice para ser muy hombre hay que ser muy gay; la fotografía de un bebé sobre una mano y la frase retórica: ¿Y si mañana te diría que es gay le dejarías de querer? (sic); el dibujo de un ángel y un demonio que se besan; el dibujo de dos hombres con músculos plenos que tienen sexo en la puerta de un carro; una imagen de sexo oral entre dos hombres; San Sebastián —sexuado como en todas las pinturas— con sus dos flechas, una en el pecho, otra en el costado. En la radio termina una canción de Ricardo Arjona y empieza una del grupo mexicano RBD.

En la casa del barrio Robledo de Medellín viven Manuel Bermúdez, que no dice cuántos años tiene porque “ni a una mujer ni a una marica se le pregunta la edad”, pero debe estar entre los cuarenta y los cincuenta; Alejandro Rodríguez, que según las cuentas y las edades de sus amores está por los treinta y seis, y Víctor Hugo Prada que es el más joven: veintidós años. Hasta hace dos años eran cuatro, pero Alex Esnéider Zabala murió de cáncer en el estómago; cuando visitó al médico para que le atendieran los cólicos que se le sobrevenían cada tanto le dijeron que tenía tres meses de vida, y así fue: tres meses, ni un día más, ni un día menos.

El sábado tres de junio Víctor dejó en la notaria sexta de Medellín una escritura pública que decía en letras mayúsculas sostenidas: Constitución de régimen patrimonio especial de trieja. La palabra es inventada, muy nueva y se explica así: las parejas son de dos, las triejas son de tres. El documento, que recibieron con la firma de notario el jueves ocho de junio, tiene su corazón en el segundo punto de fundamento para la constitución social: “Deseamos conformar un régimen económico cuya base es la relación de trieja que tenemos actualmente, ya que de no serlo no lo estaríamos llevando a cabo y que en todo caso varias personas pueden asociarse indistintamente de su condición de color, sexo, raza, creencia religiosa, etnia e incluso puede una de ellas ser comerciante y la otra no, asunto que no está prohibido por las legislaciones internacionales, ni la ley en Colombia”, punto. Resumiendo, están casados. Amén.

En toda la casa sólo hay una habitación y en la entrada hay tres cuadros, el primero con la fotografía de dos hombres travestidos, en el segundo aparece una mujer con un letrero en la espalda que dice Prensa Marika, y el último es la foto de una marcha gay de hace muchos años. La cama es grande, más de dos metros, tiene tendido café, hay tres guitarras, un balcón donde posan para las fotos y al fondo un baño sin paredes, la pura cabina de acrílico, un show de exhibición. En esta pieza, pero en 2012, estaba pasando la noche Alejandro y sabía que en el primero piso estaban Manuel y Alex ejerciendo su matrimonio tripartito con alegría promiscua: tenían sexo con alguien más que él no conocía, Víctor.

Las reglas del poliamor son equitativas: no hay dominios, no hay mandatos, no hay subyugación y todo es por igual. En esta casa del barrio Robledo de Medellín, por donde entra una luz lechosa de domingo a la tarde, todos reman con la misma fuerza, todos ponen el mismo dinero, todos dan lo mismo en la cama, en la cocina, en el aseo. Su matrimonio extendido, de tres, tendrá una ceremonia pública en unos meses y allá estará Álex, que será un dummie y dirá unas palabras que dejó grabadas antes de morir para el momento que también soñaba, ese en el que no serían dos ni tres, en el que serían cuatro.

Revista Semana.com

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