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El primer beso que atrapó a la ministra de vivienda Elsa Noguera

El primer beso de casada de Elsa Noguera de la Espriella, ministra de Vivienda que maneja $5.5 billones en solo saneamiento ambiental. Cortesía El Heraldo.

La culpa fue de un bendito —o maldito beso, según el ángulo desde donde se vea— que mantiene atrapada a la ministra de Vivienda, Elsa Noguera de la Espriella. Fue el primer beso de un exconvicto del narcotráfico que heredó el pasado de uno de los narcotraficantes más sanguinarios de la historia de Barranquilla: Víctor Mejía Múnera, alias “el Mellizo” o “Chespirito”.

Y ahora ese beso está de boca en boca en el Jet Set nacional. “La Nena”, como le dicen familiarmente, la besó hace tres años el exconvicto, Juan Carlos Hernández Lucarini, y desde entonces quedó locamente enamorada hasta soñar una boda de princesa que no podía celebrarse en Miami, ya que muchos de sus invitados se podrían quedar en los Estados Unidos, no como residentes, sino como reos por su pasado como lavadores de activos del narcotráfico. U otros, no podrían entrar a ese país, ya que se les negaron sus visas, como le sucedió al patriarca de los Char, Fuad Char Abdala.

El 29 de junio de 2017 fue la tan esperada boda Noguera de la Espriella – Hernández Lucarini. Para este magno acontecimiento se debió escoger un escenario que fuera de ensueño, tal como lo desearía Rapunzel luego de descubrir que era bella y de haberse liberado de esa maldita bruja que decía que ella era maluca, por ser distinta a otras niñas de su edad. Elsita, como también le dicen sus amigos, descubrió que no solo era bella sino también encantadora como Rapunzel. Se dejó crecer su luenga cabellera intelectual y política gracias a dos padrinos —Alex Char y Germán Vargas— por donde iba a subir su príncipe azul para liberarla de esa mala creencia. Al fin y al cabo, la libertad es mental.

El amor, ese es el amor carnal. Nos libera o nos atrapa. El cerebro no piensa, solo siente. Nos hace deseoso, deseado y deseante. Y Elsa Noguera se sintió deseada y amada. “Me importa un carajo lo que diga la gente”, podría ser el pensamiento de la hoy poderosa ministra de Vivienda. La Noguera está administrando $5.5 billones en saneamiento ambiental (acueducto y alcantarillado) y está construyendo 450.000 viviendas, gran parte en alianza público-privada que vale un cojonal de plata solo medido por billones de pesos.

Sin demeritar el valor intrínseco de la Noguera, ¿su poder la hace deseada? Si tomamos en cuenta que el narcotráfico para lavar sus activos necesita la industria de la infraestructura y del sector inmobiliario, cualquier poderoso exconvicto del narcotráfico precisaría de una conexión expedita para lavar su maldito dinero adquirido envenenando a la gente de acá y de acullá. Y su enamorado —hoy esposo— Hernández Lucarni era una persona activa del Clan de los Mellizos que en los 90 irrumpieron en el mundo del narcotráfico y del hampa y obtuvieron su máxima expresión en el primer período del gobierno de Álvaro Uribe Vélez, quien, sin embargo, los persiguió, ya que fueron archienemigos, a finales de los 80, de Pablo Escobar en la pelea de los dos carteles más poderosos de Colombia, el de Medellín y el de Cali.

Los mellizos llegaron a Barranquilla entre 1993 y 1995, que inmediatamente se ligaron a la crema e innata ñera y contaminaron a muchos jóvenes de los estratos altos que comenzaron a lucir motos Harley—Davidson, carros lujosos e inversiones en el sector del comercio, la infraestructura y también se ligaron a las obras públicas. Víctor Mejía Múnera, el más sanguinario, tuvo su accionar en esta ciudad y Cartagena, tal como un antiguo colaborador suyo se lo dijo a la revista Semana.

En esa fatídica década de Barranquilla y Cartagena, los Mellizos montaron su organización criminal reclutando jóvenes de bien de la alta sociedad. Muchos murieron por los celos enfermizos de Víctor Mejía Múnera, quien mandó a matar a varios barranquilleros y cartageneros porque se fijaron en su esposa o de sus novias. Recordemos que la viuda de Víctor Mejía estudió en el mismo colegio donde la ministra de Vivienda, Elsa Noguera, cursó su bachillerato: el MaryMount. Un colegio donde se educan las hijas de la clase pudiente barranquillera ubicado en Alto Prado, el eterno barrio de la ministra.

El hermano de la Toti Vergara, Rafael Vergara Vergara, conocido como Comegato, fue asesinado en 1998 en Bogotá, porque se había enamorado de una de las novias del Mellizo Víctor Mejía Múnera. Igualmente fueron asesinados otros jóvenes de Barranquilla y Cartagena por las mismas razones. Incluso, Joseph Jalil Nasser (sobrino del que fuera dueño del hotel El Prado de Barranquilla condenado por lavado de activo, Julio Nasser), exnovio de la esposa del Mellizo, lo mandó a matar por solo tener esa condición.

De esa década viene el hoy esposo de Elsa Noguera, el ahora empresario Juan Carlos Hernández, cuyos antecedentes fueron divulgados por una cadena de guasat que circuló este fin de semana en los círculos pudientes de la Arenosa y se propagó como una maldita noticia por todo el país. La agencia de noticias EFE tiene un servicio especial para obtener los antecedentes informativos, y justamente aparece en su pagina Efedata.com, la siguiente noticia:

Enamorarse de un exconvicto

Conquistar a una chica del MaryMount era casi seguro entrar a la élite barranquillera. Eso lo debía saber Juan Carlos Hernández, y por eso preparó toda su artillería para conquistar a la Rapunzel de su vida y escalar por su luenga cabellera dorada hasta darle el primer beso. Si, el primer beso que hizo perder la razón a la Noguera de la Espriella hasta hacerla enamorar de un exconvicto.

Hernández-Noguera y Char-Nule, luego del casorio en las playas de Cancún. El Heraldo

¿Es malo que una dama de bien se enamore de un exconvicto? No. ¿Es un delito? No. Entonces, ¿por qué tanta alharaca de las redes sociales de Internet? Como periodista de investigación, es un tema pulpa para ir desentrañando la madeja que nos debe llevar a cosas sorprendentes. Es muy dable que un abogado se enamore de la convicta que defiende, como le sucedió al Zar Anticorrupción, Luis Gustavo Moreno.

 

Moreno se enamoró de una cliente a quien defendía de los cargos de narcotráfico. Se trata de Carolina Rico Rodríguez, con quien finalmente se casó en una boda discreta. Pero, como decía mi madre Teresa de Jesús Moreno, “quien anda con la miel, algo se le pega”. Y a Moreno se le pegó mucho.

Elsa Noguera de la Espriella, la niña mimada de Alex Char, el impoluto alcalde de Barranquilla, cuyo padre tuvo que pagar $21 mil millones para que no lo metieran preso, y del virtual sucesor de Juan Manuel Santos, Germán Vargas Lleras, no es cualquier ciudadana que puede hacer que su corazón se enamore hasta de un exconvicto y hoy gran empresario de la construcción. Ella, la Noguera, debe ser como la esposa del César: no solo serlo sino también parecerlo, y —agrego— padecerlo.

El amor nos hace cometer locura, hasta enamorarse de la mujer equivocada. Elsa Noguera de la Espriella quiere ser feliz, y dejemosla que sea feliz, pero lejos de una de las carteras más poderosa del presidente Juan Manuel Santos, que supuestamente debe beneficiar a los estratos más bajo que no tienen vivienda. Ella debe renunciar y el Presidente debe, en su lugar, nombrar a alguien que esté lejos de los tentáculos de Germán Vargas Lleras, o de lo contrario, el escándalo será mayúsculo.

La Rapunzel tiene su príncipe azul que la ha liberado de la malvada bruja que le hizo creer que era maluca. Hoy, la nueva Rapunzel, en una versión real a la de los hermanos Grimm, recibió el primer beso en un castillo de ensueño donde solo van a celebrar los grandes ricos y capos del narcotráfico: Cancún, México.

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