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Corrupción: “a cualquiera le puede pasar”

Si no leyeron la carta de Gustavo Moreno, el ex fiscal anticorrupción acusado de corrupción, léanla. La pueden encontrar fácilmente en internet digitando el título: “Padre perdóname porque no supe lo que hice”. En la carta, además de una súplica de perdón público, de perdón a su propia familia, de no pocos lugares comunes, de algunas cursilerías, de preguntas claves sin respuesta, hay una lección importante acerca de la corrupción.

Con esa ya son dos lecciones que nos ha dado Gustavo Moreno. La primera es, sin duda, realmente útil para atrapar, de una vez por todas, el esquivo sentido de lo que es la ironía (tan comúnmente confundida con la sátira, la paradoja y el sinsentido). Un ejemplo de ironía perfecto es que el fiscal anticorrupción sea apresado por actos de corrupción. Si los actos de Moreno son un oprobio a la justicia y a la patria misma, al menos el joven abogado nos prestó un gran servicio de sacrificio performativo a favor de la forma de ironía más negra y colombiana.

Pero vuelvo a la carta, con algunas dudas iniciales, tal vez demasiado formales para una misiva probablemente escrita a mano desde el búnker de la Fiscalía y luego digitalizada por el abogado de Moreno, tal vez este último, otro aspirante a ser el próximo fiscal anticorrupción. No es claro si el “Padre” al que alude Moreno en el título de su carta es su procreador o el procreador de todos los católicos, es decir Dios, quien a su vez sería quien otorgaría los profusos perdones que Moreno solicita. Lo que sí es cierto es que le falta una coma, cosa que extraña viniendo el texto de tan importante abogado, superdotado de méritos como para que el fiscal Martínez lo hubiera escogido con solo 36 años para uno de los cargos más importantes de la Fiscalía.

Pero bueno, voy a la lección de Moreno. La encuentran en el tercer párrafo: “Sencillamente caí, me equivoqué y debo asumir las consecuencias de este grave error. Hoy sé que a cualquiera de nosotros le puede pasar, lamento haberme reunido con el investigado Alejandro Lyons, sin embargo ante las autoridades explicaré las razones de este fatídico encuentro”.

Y ahí está, la sabiduría de Moreno en su forma más condensada acerca del origen de la corrupción en Colombia: caer, a cualquiera le puede pasar. A Moreno le pasó, que iba por ahí y, ¡ups!, terminó pidiéndole 400 millones de pesos a Alejandro Lyons en Miami para obstruir una investigación penal en Colombia. Como tal vez le pasó a Lyons, que era gobernador de Córdoba y, ¡ups!, terminó inventándose pacientes de hemofilia falsos para defraudar al sistema de salud. A cualquiera le puede pasar, al fiscal que nombra fiscales anticorrupción corruptos, al gobernador, a un congresista, a un presidente. Como dice más adelante Moreno, “hoy sé que nadie camina en la vida sin haber pisado en falso”.

Entonces, al final, la lección de Moreno es que todos somos culpables, o en algún momento lo seremos. Es el pecado original. Y queda claro que el “Padre” al que se refiere al principio es en efecto Dios, que sabe cómo hace sus cosas, y el que peca y reza empata. Y de paso, queda claro que la lucha contra la corrupción en la Fiscalía de Martínez era, hasta hace una semana, a lo sumo un acto de fe. Pero tranquilos, a cualquiera le puede pasar.

COLUMNISTA EL ESPECTADOR

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