Falsos amigos

Como bien dice Marcial Prado en la introducción a su ‘Diccionario de falsos amigos’: “Aunque el inglés y el español heredan gran parte de su vocabulario de raíces latinas, griegas e indoeuropeas, las dos lenguas han seguido rutas tan divergentes en el desarrollo semántico que las denotaciones de vocablos prácticamente idénticos resultan completamente distintas y, a veces, hasta opuestas”.

Entre los ejemplos más conocidos de falsos amigos o, como también se los conoce, cognados falsos se encuentran library (biblioteca) y librería (bookstore), bigot (intolerante) y bigote (mustache), rope (soga) y ropa (clothes), exit (salida) y éxito (success).

Metido en este cuento de los falsos amigos, encuentro en internet varios que desconocía y tienen que ver con las malas o ‘falsas’ traducciones, que por lo general son producto de aquellos. Por ejemplo, lo que en español denominamos paraíso fiscal es una errada traducción de tax haven (refugio fiscal), seguramente por confundir el haven (refugio) con heaven (cielo).

Algo similar ocurrió con el canal de La Mancha, cuyo nombre se deriva del francés La Manche, que significa la manga, lo que tiene sentido para darle nombre al pequeño brazo de agua que separa a los galos de la ‘pérfida’ Albión.

El conocido cabo de Hornos, en la Antártica chilena, más que un horno un gigantesco hielo, originalmente recibió su nombre por el pueblo holandés de Hoorn, donde nació Willem Cornelisz Schouten, ‘descubridor’ del mencionado cabo, que en inglés se conoce como Cape Horn (cuerno), al menos parecido a la forma del referido cabo.

Según parece, y cito a Ana Bulnes, en quien me he apoyado para esta columna, “aunque no está del todo claro, lo de la Alta Edad Media es una mala traducción del alemán, en el que alt significa ‘antiguo’ (y luego pusimos Baja como oposición). No obstante, en alemán la Alta Edad Media no usa el adjetivo alt, sino früh (temprano) y, atención, para la etapa intermedia se usa hoch (¡alta!). Eso sí, Edad Media a secas se dice Mittelalter, así que toda la confusión puede venir de ahí”.

Como vemos, los cognados falsos, o falsos amigos lingüísticos, conducen a interesantes equívocos que, sin lugar a dudas, no tienen gravedad alguna, como sí la tienen los ‘falsos positivos’, los políticos falsos (una redundancia) y los billetes ídem.

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