Lo que viene es candela

Se esperaba que la campaña presidencial tuviera un alto durante la Semana Mayor, pero no fue así. Todo indica que ni la fe, ni las tradiciones católicas lograron calmar los ánimos de los candidatos, lo que pronostica unos meses de confrontación extrema, guerra sucia y un país polarizado, donde pareciera no hay cabida para un centro.

El análisis político revela que todo esto empezó para desinflar a Fajardo y a De La Calle, quienes representaban el centro, y ahí fue cuando la derecha (léase Uribe y Vargas Lleras) se inventaron a Petro, fácil de destronar al venderlo como el representante del ‘castrochavismo’ que hoy asusta a los colombianos. Pero contra todos los cálculos éste se les quedó arriba, no por ser el gran estadista, sino por interpretar esa “rebelión popular” que incomoda al establecimiento. Duque se queda, como se debía prever, con la derecha y en punta.

Hoy todos quieren retomar el centro para afianzar sus candidaturas, pero no es claro si lo logran. Duque concilia posiciones diciendo que el país no puede seguir dividido entre amigos y enemigos de la paz. Intelectuales y estadistas buscan la unidad de Fajardo y De La Calle para retomar el centro, que el primero marchitó al no asumir posiciones y rechazar al liberalismo; y que el segundo no logró, a pesar de ser el mejor, el líder de la Constitución del 91 (la de los Derechos) y ahora jefe de la negociación de paz, un hecho histórico que en cualquier parte del mundo sería un activo preciado, pero en Colombia es un pasivo.

El otro que quiere retomar el centro es Vargas Lleras, el más político de todos que inexplicablemente es el que más errores ha cometido. Nunca debió abandonar ese centro que ahora añora. Recientemente afirmó que es merecido el Nobel para Santos y que la paz no tiene reversa, lo que traduce un cambio tardío de posición. Vargas Lleras no comprendió que la derecha ya estaba colonizada por Uribe e intentó inútilmente disputar ese segmento, y para completar asumió como premisa ganar la campaña al Congreso enfrentándose a los que ahora busca como aliados, y tal vez el peor fue la designación de su fórmula vicepresidencial.

En los momentos difíciles, como éste, es donde debe haber templanza, liderazgo, firmeza y raciocinio. Aspiro que así sea la decisión de mí partido a la hora de definiciones.

Y preparémonos, pues lo que sí está muy claro es que lo que viene es candela, guerra sucia, nada de tesis ni propuestas, el objetivo de todas las campañas será la de polarizar la sociedad con estrategias de estigmatización, victimización y finalmente sacar al contrincante del camino, a como de lugar.

Falta que corra mucha agua por debajo de los puentes y en esta carrera hacia la presidencia falta campaña.

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