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‘Cambiamos los fusiles por peces’

Un grupo de reincorporados de las desmovilizadas Farc, que decidieron cambiar sus vidas entregando los fusiles, son hoy un próspero grupo asociativo de piscicultores. Su historia hoy es ejemplo de superación y de que si se puede pasar “de la guerra a la paz”.

Sin conocerse, sin haberse visto nunca en la vida, con diferentes costumbres y gustos, con acentos distintos, pero con la misma ilusión de poder vivir en paz, se encontraron en la Agencia para la Reincorporación y Normalización, ARN, Javier Ricardo Gómez y cuatro excombatientes más de las desmovilizadas Farc, -convertida hoy en grupo político- con la esperanza de empezar una nueva vida.

Todos se caracterizaban porque para lo único que tenían destreza era para manejar el fusil y cruzar trocha. Y a pesar de que pertenecían al mismo grupo subversivo, no se conocían, todos actuaban en diferentes zonas del país, uno en Santander, otro en la región pacífica, uno más en la Costa Caribe y Javier Ricardo, quien hoy es el vocero del grupo asociativo realizaba sus actividades en el Caquetá.

En el rostro de los cinco hombres están marcadas las huellas que les dejó la guerra, no les gusta conversar de ese tema, y a pesar de sus diferencias de edades y costumbres han compaginado y hoy comparten el mismo sueño: “vivir en paz con nuestras familias y nunca más tener que volver a empuñar un fusil para poder sobrevivir”, explicó Javier.

¿Pero como lograron conquistar su sueño? La historia de Javier, que es la misma de sus cuatro compañeros empezó a sus 16 años de edad. Vivía con su familia en un pueblo del Caquetá donde ver pasearse la guerrilla con el fusil al hombro era normal.

Esa imagen la tenía en su mente desde niño, en su juventud pasó a conformar las filas de las Farc porque las opciones de un trabajo o de estudio eran nulas.

“Esa es una situación difícil de explicar, porque uno está joven y se ilusiona con cualquier cosa que le ofrecen. A esa edad uno no mide las consecuencias que pueden traer las decisiones que toma. Le dan a uno dinero pero la situación no es clara, uno no sabe al fin que es lo que está haciendo y termina tirándose la vida”, señaló Javier Ricardo Gómez.

Luego de militar durante 16 años en la guerrilla, Javier Ricardo se da cuenta que lo que había hecho durante tanto tiempo no era lo que él quería. “Fue cuando tomé la decisión de desertar, ya empezaba a escucharse lo del proceso de paz. Como creo mucho en Dios me encomendé a él. Ya tenía claro que no quería seguir en ese grupo y me volé. No fue fácil, pero apenas pude me presenté ante el Ejército y les conté mi situación, pedí protección y fue cuando por medio de ellos me recibieron en la ARN, ahí empezó mi formación para el trabajo”, le narró a LA NACIÓN, Javier Ricardo.

La constancia y el esfuerzo que mostró Ricardo por cambiar su vida le valieron para que por medio de la ARN, el Sena lo capacitara. Fueron varios cursos y posibles proyectos que se presentaban, hasta que llegó el que sería como su norte para poder despegar y arrancar con lo que quería: producir para aportarle a la sociedad y ofrecerle algo seguro a su familia.

El curso de técnico en piscicultura que le ofreció el Sena fue como una bendición para Javier y sus compañeros. Pero no bastaba con saber cómo se realiza un proyecto de piscicultura, faltaba lo esencial que era el dinero para iniciar. Los excombatientes no querían oportunidades de empleo sino ser microempresarios, poner en práctica lo que habían aprendido pero en su propio negocio.

Por ello el primer paso fue constituirse como grupo asociativo de trabajo, ahí nació la Asociación de Piscicultores Emprendedores, Asopiempre.

“Fue cuando empezaron a aparecer empresarios que nos querían colaborar, llegaron del sector piscícola, comerciantes y Coltabaco, que fue definitivo para sacar adelante el proyecto”, resaltó Gómez.

EL PROYECTO

Coltabaco aportó cerca de 200 millones de pesos para el proyecto, había que adecuar los terrenos para construir los lagos, comprar los elementos necesarios como los airadores y motobombas. Lo que requería bastantes recursos económicos.

La siembra la iniciaron hace seis meses y ya están próximos a realizar la primera pesca.

Una empresa del sector piscícola donó los alevinos, la Fundación del Alto Magdalena se vinculó como socio implementador del proyecto y así fue como empezaron a trabajar.

“El proyecto inició desde el año pasado, donde cinco excombatientes, cinco personas que en algún momento hicieron parte del conflicto armado hoy son empresarios del campo y cuentan con su propia asociación piscícola, Asopiempre. Con ello lo que queremos mostrar es como si es posible desde la suma de esfuerzos apostarle al desarrollo y a la construcción de paz”, explicó el asesor para alianzas estratégicas de la ARN, Miguel Suárez, quien en compañía de empresarios y a portantes visitaron el fin de semana el proyecto.

“El proyecto que realizamos aquí en el Huila con los reincorporados que hoy forman parte de Asopiempre es un ejemplo a nivel nacional y lo hemos replicado en diferentes partes del país, donde hemos logrado crear alianzas con empresas para llevar esa experiencia técnica y ejercicios de financiación y acompañamiento para potenciar esa construcción de nuevos proyectos de vida de todos los hombres y mujeres que han abandonado los grupos armados en el marco del conflicto”, agregó Suárez.

Por su parte el representante de la compañía Coltabaco, Carlos Ortiz, destacó las ganas de trabajar honestamente de los reincorporados e invitó a los empresarios y comunidad en general a apostarle a proyectos como este para que vayamos asumiendo la nueva realidad del país con respecto a la paz.

“Ya es hora de pensar como país en la forma de hacer viable la nueva realidad que se está asumiendo con los acuerdos de paz. Proyectos como este que estamos viendo en el Huila con los socios de Asopiempre son el mejor ejemplo”, señaló Ortiz.

LA PRIMERA PESCA

La primera cría de peces la iniciaron en enero de este año y ya están próximos a realizar la primera pesca. Para los reincorporados han sido seis meses de trabajo constante y sacrificio, pero con el firme propósito de no desfallecer en su anhelo de encontrar otra forma de vida diferente a la que llevaban hace un par años.

El fin de semana empresarios y entidades de distinto orden fueron invitados por la Agencia para la Reincorporación y Normalización, ARN, para que conocieran el proyecto.

“No ha sido fácil porque somos cinco personas que tenemos diferentes costumbres, hasta cuando hablamos los acentos son distintos, somos de diferentes regiones del país pero lo que tenemos claro es que todos coincidimos en que queremos vivir en paz, con tranquilidad y sin hacerle daño a nadie, por eso queremos aprovechar esta oportunidad que nos están dando”, aseguró Javier Ricardo.

En el próximo mes estarán cosechando el fruto de los 30.000 alevinos que empezaron a criar hace seis meses. Esperan recolectar entre 10 y 11 toneladas de mojarra roja, con las ganancias esperan iniciar el segundo ciclo del proyecto, que es volver a sembrar pero aumentando el número de alevinos para tener mayor producción.

A los lagos les tienen nombre, le llaman la “Esperanza” y la primera cosecha la tienen bautizada como “los frutos de la paz”.

 

Por: FERNANDO POLO
Fuente: www.lanacion.com.co

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