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El reenfoque del apoyo de la ONU a la paz: ¿golpe a la ayuda humanitaria?

En cinco días, la ONU planea eliminar el cargo de Coordinador Humanitario en Colombia. Para el director del Consejo Noruego para los Refugiados, Christian Visnes, se trata de una decisión “peligrosa” que amenaza con desentrañar la frágil paz que el país se ha esforzado tanto en conseguir.

“En cinco días, la ONU planea eliminar de forma silenciosa el mayor cargo de la ayuda humanitaria en Colombia: el Coordinador Humanitario. Esto marcará el primero de una serie de tranquilos pero tácticos pasos para acabar con la ayuda financiera para el país. El organismo mundial enfocará su operación multimillonaria en la consolidación de la paz, enfatizando que la paz está para quedarse, pero esta visión es seriamente limitada y amenaza con socavar este histórico proceso”.

La declaración es de Christian Visnes, director de país del Consejo Noruego para Refugiados, en un escrito público titulado “El juego de la ruleta de la ONU con Colombia”, en el que se advierte de los riesgos que se corren con el inminente retiro de esa ayuda en un país que si bien firmó la paz, esta todavía no está consolidada. “Las Naciones Unidas han escogido un momento peligroso para retirar recursos para la asistencia en Colombia. Al hacer esto, se amenaza con desentrañar la frágil paz que el país se ha esforzado tanto en conseguir”, agrega.

Para Visnes, si bien el Acuerdo con las Farc es histórico, ello no ha derivado en una paz inmediata. “Cuando los combatientes de las Farc depusieron las armas, a principios de este año, algunas de las zonas abandonadas por este grupo insurgente se convirtieron en botines codiciados de otros grupos armados que comenzaron a disputarse violentamente. Así mismo, disidentes se reagruparon y se mantuvieron activos, especialmente al sureste del país. Estos acontecimientos han traído consecuencias mortales para los civiles”, agrega.

Según las informaciones de la organización no gubernamental, el conflicto ha obligado a más de 56 mil personas a abandonar sus hogares, solo en la primera mitad del 2017. Asimismo, el número de personas desplazadas por la violencia aumentó 16% en los primeros siete meses de este año, en comparación con el mismo periodo del año anterior. Y esto ocurre a pesar de una reducción del 60% en los enfrentamientos violentos entre grupos armados desde 2012 hasta 2016. Los desplazamientos forzados, el asesinato de activistas y líderes sociales, y las amenazas y ataques contra civiles están en aumento. Por ejemplo, el reclutamiento forzado aumentó 150% este año, en comparación con el mismo periodo del 2016.

“Mi organización, el Consejo Noruego para los Refugiados, ha hablado con familias obligadas a huir de sus hogares. Ellos nos cuentan sobre hermanas e hijos reclutados a la fuerza, de minas plantadas en sus territorios y de grupos armados que les impiden cultivar en sus tierras. En total, más de siete millones de personas han sido forzadas a desplazarse dentro de Colombia, la mayor cantidad de personas en todo el mundo, más que en Afganistán, Nigeria y Sudán del Sur juntos, y un número más alto que el número de refugiados Sirios, por un amplio margen”, sostiene Visnes.

Y pregunta: ¿Es esta la imagen de un país preparado para dar por terminados los programas de ayuda humanitaria? “En su visita a Colombia la semana pasada, el papa Francisco admitió que no todo en el país era armonía. El alto jerarca católico pidió al Gobierno Nacional promulgar leyes para poner fin a la ‘oscuridad’ de la injusticia y la desigualdad social, que han alimentado la violencia endémica en la historia del país.

Según Visnes, el Gobierno colombiano está bajo una inmensa presión política. Debe cumplir con los recientes acuerdos de paz con las Farc. También debe iniciar un proceso similar con la segunda guerrilla más grande de Colombia, el Eln, cuando el cese al fuego bilateral entre en vigor el 1° de octubre. Y por encima de estas responsabilidades, debe responder a la situación de inseguridad actual. “El apoyo humanitario internacional se necesita ahora más que nunca para garantizar que este delicado proceso no se arruine”, concluye.

Y termina su escrito reafirmando que siendo los colombianos algunas de las personas más resistentes del mundo, “merecen el compromiso de la comunidad internacional para asegurar que la paz arduamente lograda se consolide y no se vea comprometida. La ONU debe jugar a largo plazo, en lugar de celebrar la victoria antes de tiempo”.

Recientemente, varias organizaciones humanitarias que trabajan en el país, entre ellas, además del Consejo Noruego para los Refugiados, la Oficina de Ayuda Humanitaria y Protección Civil de la Unión Europea (ECHO), la Embajada de Suecia, Cooperación Internacional Suiza (COSUDE), el Servicio Europeo de Acción Exterior, Acción contra el Hambre, Alianza por la Solidaridad y la Federación Luterana Mundial, habían prendido sus alarmas y habían exprtesado sus preocupaciones ante el inminente retiro de la ayuda econímica para seguir con su labor.

 

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