El rey de las mordidas

Parece que el perro, efectivamente, buscó el patio de Moreno con la esperanza de que le repartiera una tajada, como era su costumbre.

No comenzaba el ajetreo laboral y las noticias de enero ya me tenían con el ánimo destrozado: en la semana menos noticiosa del año, revelan las tundas que el gendarme de las noticias falsas uribistas, un tal Gustavo Rugeles, propiciaba a su novia; los indígenas del Cauca increpan a los soldados con machetes y los soldados contienen a los indígenas con disparos a tierra; Abelardo de la Espriella, ejemplo de buen gusto, hombre magnífico que se puso su fortuna de sombrero, como salta a la vista, demuestra que se puede ser más elegante aun que Carlos Mattos, cuyo bidé de oro parece de plata al lado del que tiene el abogado en su jet privado. Y por si faltaran noticias vergonzosas, Cambio Radical, vaya sopresa, adhiere a Vargas Lleras; una candidata al Congreso presenta como acto de campaña a unos “exhomosexuales” a los que, según ella, regresó a la senda del bien, a través, aparentemente, de un rayo deshomosexualizador. Y, en plena era digital, se cruzan sendas cartas de varias cuartillas los líderes de la coalición de la derecha, en las que cada uno defiende sus intereses de manera soterrada: ¿no pueden definirlo vía WhatsApp, en un grupo de chat? ¿Cuál emoticón representaría a Iván Duque? ¿Por qué evitan, cobardes, una charla telefónica con la doctora Marta Lucía Ramírez? ¿Acaso no pueden separar siete horas de su agenda para hacerle una pequeña llamada?

Por si faltaran noticias lamentables, escurren de la coalición al doctor Alejandro Ordóñez, y quienes creemos en la quema de libros como acto pedagógico, y planificamos con el método del ritmo, sentimos ahora que nos quedamos sin quien nos represente: ¿esa es la paz de Santos?

Dedicaba, digo, el letargo de las vacaciones a soportar los latigazos de nuestra epiléptica realidad, cuando me topé con una noticia que me permitió recobrar la fe en lo que somos: se trata del informe de prensa que narra la manera en que un perro criollo mordió al fiscal anticorrupción Gustavo Moreno.

Parece insgnificante, lo sé; pero, en un país que carece de los más mínimos gestos de justicia, el hecho de que Gustavo Moreno haya recibido ese castigo es motivo suficiente para sentir esperanzas. Al fin alguien fustiga al delicuente de la corrupción, así lo haya hecho con una mordida menor a las que él mismo repartía cuando fungía, qué paradoja, como perro sabueso de la Fiscalía.

Informa la noticia que los hechos sucedieron el 2 de enero, a las 11 de la mañana, en el Batallón de Artillería n.º 13, lugar en que se encuentra recluido el perro. Por el patio paseaban al exfiscal Moreno cuando, según la fuente periodística, este empezó a molestarlo y el canchoso intentó morderlo.

En un país de animales, resulta apenas comprensible que lobos como Abelardo de la Espriella se dediquen al exhibicionismo; que alias la Gata disfrute de beneficios extramurales y que no exista nadie más sapo con su patrón que cualquier precandidato de la ultraderecha.

Pero refresca el alma observar que también allí existe un perro capaz de ofrecernos el único momento de justicia que podremos observar en años. Ojalá lo asignen como mascota oficial del exgobernador Alejandro Lyons.

Se imagina uno que, estando el animal en la cárcel, hablaban de un perro de presa; de un perro de preso, al menos. Pero el redactor de la nota advierte que se trataba de un criollo, sin abolengos: de otra manera no estaría recluido.

Dice la nota, además, que el gozque permanecía en el área de los reclusos, “debido a que estos le ofrecen alimento”, y tal parece que fue así: tal parece que el perro, efectivamente, buscó el patio de Moreno con la esperanza de que le repartiera una tajada, como era su costumbre.

Pero como perro no come perro, el animalito detectó que el exfiscal había resultado un verdadero hueso para la administración de Néstor Humberto, e hizo lo que César Gaviria durante aquellas inolvidables declaraciones a la prensa, cuando quedó mueco en vivo y en directo: le peló el diente.

Temeroso, pero amenazante, Moreno se cuadró frente al perro y le susurró:
–Mi papá es Leonidas Bustos.

Y, acto seguido, lo invitó al lanzamiento de su próximo libro sobre testigos falsos y le ofreció tres kilos enteros de Purina.

Pero el perro no era cualquier senador de la república: era un animal limpio y decente y, sin miramiento alguno, marcó territorio.

Deseperado, Moreno le ofreció un baño, con todo y corte: no en vano es experto en lavados. Y en trabajar cortes.

Pero, al igual que el fiscal Martínez, el perro resultó de malas pulgas, y se abalanzó sobre la corrupta pantorrilla de Moreno hasta demostrarle que él también sabía dar mordidas.

La nota cuenta que el médico que atendió el caso ordenó que se le aplicaran cuatro inyecciones antirrábicas que, imagina uno, el perrito soportó con estoicismo. Pero no narra los detalles posteriores.

Entiendo que las autoridades no han definido lo que harán con el canchoso. Al parecer será extraditado, suerte distinta de la que correrá el animalito, a quien ofrezco este homenaje modesto y sincero: perrito valiente, que merece un premio. Puede ser un paseo, ojalá largo, como una llamada de Marta Lucía Ramírez.

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