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Así supera nuestro cerebro sus propias limitaciones, según la ciencia

Cuando nos enfrentamos a tareas complejas o desconocidas, nuestro cerebro suele aprovechar el “ruido” (experiencias pasadas) para intentar adaptarse de forma rápida. Investigadores del MIT han estudiado estos procesos para anticipar nuevas formas de romper con los límites de nuestra mente.

Nuestro cerebro es una herramienta mágica pero no perfecta ni de poderes ilimitados. Imagínese tratando de escribir su nombre para que pueda leerse en un espejo: su cerebro tiene toda la información visual que necesita y, por supuesto, damos por supuesto que sabe escribir su propio nombre con fluidez. Pese a ello, esta tarea es muy difícil para la mayoría de las personas.

Ello se debe a que requiere que el cerebro realice una transformación mental con la que no está familiarizado: usar lo que ve en el espejo para guiar con precisión su mano para escribir hacia atrás. Un bajo rendimiento que, por naturaleza, el ser humano trata de compensar basándose en experiencias anteriores, al igual que sucede en otros tipos de situaciones en las que tiene poca confianza en sus propios juicios.

“Si estás haciendo algo que requiere una transformación mental más difícil y, por lo tanto, crea más incertidumbre y más variabilidad, confías en tus creencias anteriores y te inclinas hacia lo que sabes cómo hacer bien, para compensar esa variabilidad“, explica Mehrdad Jazayeri, profesor del centro de ciencias de la vida Robert A. Swanson, miembro del Instituto McGovern para la Investigación del Cerebro del MIT y autor de una ambiciosa investigación al respecto (publicada en la revista Nature Communications, con la participación también de Evan Remington y Tiffany Parks).

Y es que, los neurocientíficos han sabido durante muchas décadas que el cerebro no reproduce fielmente exactamente lo que ven los ojos o lo que escuchan los oídos. En cambio, hay una gran cantidad de “ruido”: fluctuaciones aleatorias de la actividad eléctrica en el cerebro, que pueden provenir de la incertidumbre o ambigüedad sobre lo que estamos viendo o escuchando. Esta incertidumbre también entra en juego en las interacciones sociales, cuando intentamos interpretar las motivaciones de otras personas o cuando recordamos recuerdos de eventos pasados.

Investigaciones anteriores han revelado muchas estrategias que ayudan al cerebro a compensar esta incertidumbre. Utilizando un marco conocido como integración bayesiana, el cerebro combina múltiples piezas de información potencialmente conflictivas y las valora de acuerdo con su fiabilidad. Por ejemplo, si dos fuentes nos dan información, confiaremos más en la que creemos que es más creíble.

En otros casos, como hacer movimientos cuando no estamos seguros de cómo proceder exactamente, el cerebro se basará en un promedio de sus experiencias pasadas. Por ejemplo, al alcanzar un interruptor de luz en una habitación oscura y desconocida, moveremos nuestra mano hacia una cierta altura y cerca del marco de la puerta, donde la experiencia pasada sugiere que podría encontrarse un interruptor de luz.

Anteriormente, se ha demostrado que todas estas estrategias funcionan juntas para aumentar el sesgo hacia un resultado particular, lo que hace que nuestro rendimiento general sea mejor porque reduce la variabilidad.

El ruido también puede aparecer en la conversión mental de la información sensorial en un plan motor. En muchos casos, esta es una tarea sencilla en la que el ruido juega un papel mínimo, por ejemplo, alcanzar una taza que puede ver en su escritorio. Sin embargo, para otras tareas, como el ejercicio de escritura espejo, esta conversión es mucho más complicada. “Tu rendimiento será variable, y no es porque no sabes dónde está tu mano y no porque no sabes dónde está la imagen“, dice Jazayeri. “Implica una forma de incertidumbre completamente diferente, que tiene que ver con el procesamiento de la información. El acto de realizar transformaciones mentales de la información induce claramente la variabilidad “.

Ese tipo de conversión mental es lo que los investigadores se dispusieron a explorar en el nuevo estudio. Para ello, pidieron a los sujetos que realizaran tres tareas diferentes. Para cada uno, compararon el rendimiento de los sujetos en una versión de la tarea en la que fue fácil asignar información sensorial a los comandos motores, y una versión en la que se requería una transformación mental adicional. En un ejemplo, los investigadores primero pidieron a los participantes que dibujaran una línea de la misma longitud que la línea que se les mostró, que siempre estaba entre 5 y 10 centímetros. En la versión más difícil, se les pidió que dibujaran una línea 1,5 veces más larga que la línea original.

Los resultados de este conjunto de experimentos mostraron que en la versión que requería transformaciones mentales difíciles, las personas modificaron su rendimiento utilizando las mismas estrategias que utilizan para superar el ruido en la percepción sensorial. Por ejemplo, en la tarea de dibujo de líneas, en la que los participantes tenían que dibujar líneas que variaban entre 7,5 y 15 centímetros, dependiendo de la longitud de la línea original, tendían a dibujar líneas que estaban más cerca de la longitud promedio de todas las líneas que habían dibujado previamente. Esto hizo que sus respuestas en general fueran menos variables y también más precisas. “Esta regresión a la media es una estrategia muy común para mejorar el rendimiento cuando hay incertidumbre“, añade Jazayeri.

Los nuevos hallazgos llevaron a los investigadores a la hipótesis de que cuando las personas se vuelven muy buenas en una tarea que requiere cálculos complejos, el ruido será más pequeño y menos perjudicial para el rendimiento general. Es decir, las personas confiarán más en sus cálculos y dejarán de confiar en los promedios. “A medida que se hace más fácil, nuestra predicción es que el sesgo desaparecerá, porque ese cálculo ya no es un cálculo ruidoso”, concluye Jazayeri. “Crees en el cálculo; sabes que está funcionando bien”.

Los investigadores ahora planean estudiar más a fondo si los sesgos de las personas disminuyen a medida que aprenden a realizar mejor una tarea complicada. De hecho, en los experimentos que realizaron para el estudio de Nature Communications encontraron algunas pruebas preliminares de que los músicos entrenados tenían un mejor rendimiento en tareas que involucraban producir intervalos de tiempo de una duración específica que el resto de personas.

*Este texto es una traducción interpretada del resumen de la investigación de Mehrdad Jazayeri, Evan Remington y Tiffany Parks, publicado originalmente por Anne Trafton, de la MIT News Office, y disponible aquí.

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