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Arranca el proyecto más ambicioso para limpiar el “continente de plástico” del Pacífico

Este sábado 8 de septiembre pondrán a funcionar una gran barrera flotante de 600 metros en el océano Pacífico que tendrá como objetivo recolectar cinco toneladas de basura cada mes. Su tarea es acabar con el llamado “continente de plástico”.

Si todo sale como está previsto, este 8 de septiembre arrancará el proyecto más ambicioso para limpiar el océano Pacífico. Tras cinco años de planeación y una inversión de US$ 20 millones, esta iniciativa empezará a funcionar con una tarea concreta: recoger 5 toneladas de basura cada mes e ir acabando con el “continente de plástico”. (Lea Reino Unido acaba de inaugurar el parque eólico más potente del mundo)

Se trata de un “tubo” de 600 metros en forma de U que se encuentra en la costa de San Francisco y que, poco a poco, irá desplazándose con ayuda de las olas y el viento. La idea es que a su paso recoja desechos plásticos mayores a un 1 centímetro de diámetro y redes de pesca que han abandonado en el mar. El artefacto está equipado con tecnología que impedirá que barcos lo choquen.

Además de capturar la basura, tiene un objetivo principal: empezar a agrietar el llamado “continente de plástico”, una isla enorme de desechos donde, gracias a las corrientes circulares, se ha concentrado en un mismo sitio una gran cantidad de plástico. El plan es que cada cinco años se reduzca a la mitad la contaminación de esa zona. En 2040 la “isla” debe haber desaparecido. (Lea Bandejas de plástico de los aeropuertos, una verdadera fuente de virus)

Quien está detrás de este ambicioso proyecto es Boyan Slat, un joven holandés que en 2013, con solo 18 años, fundó la compañía The Ocean Cleanup. Aunque en su momento tan solo parecía un adolescente con ganas de salvar los océanos, poco a poco logro reclutar inversionistas. Hoy cuenta con un gran equipo de patrocinadores y científicos que le ayudaron a concretar su idea que, en homenaje al popular balón de voleibol de la película Náufrago, apodaron Wilson.

Ya han probado 273 modelos y seis prototipos diferentes que demuestran que el proyecto puede funcionar. En su interior Wilson no tiene ni motores ni máquinas. Recolectará la basura de manera “pasiva”. Cada seis semanas un barco viajará hacia donde esté ubicado el artefacto para recoger lo que haya recopilado y llevarlo luego a tierra firme. Una vez esté allí, el plástico será procesado y será la base de productos que, posteriormente, se venderán al público. “Hechos a partir de plástico marino”, será su eslogan.

Y aunque la gran preocupación de algunos críticos es que haga daño a algunas especies marinas, en principio, espera no causarles ningún perjuicio.

“Sentimos que tenemos mucha prisa”, le dijo a la BBC Lonneke Holierhoek, directora de operaciones del proyecto. “Si no lo hacemos, todo este plástico comenzará a descomponerse en pedazos cada vez más pequeños. Y cuanto más pequeñas sean las piezas, más dañinas serán y más difícil resultará extraerlas del entorno marino”.

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