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“Llevaba dos meses con él”: Eileen Moreno cuenta el infierno que vivió con Alejandro García

“Esa mañana, después de una fiesta en la casa de mi expareja, después de una discusión por celos, por lo que sea, porque igual es una persona agresiva, yo salgo de ese apartamento. Cuando estoy abajo recuerdo que había olvidado mi pasaporte, una cartera y unos zapatos, y decido regresar. Después de estar en las escaleras del apartamento de 3 de la mañana a 7 de la mañana, yo finalmente, con autorización del portero del edificio, subo y entro a ese apartamento. Yo tenía llaves, entro al cuarto de Alejandro García, mi exnovio. Y allí él está sentado en la cama con su celular, como empezándome a grabar otra vez. Toda la madrugada y la noche había estado amenazándome con grabar las peleas, no entendía para qué. Me dijo: ‘esto ya me había pasado antes y usted no me lo vuelve a hacer’, y por eso grababa. Yo me fui hacia él y le traté de quitar el celular. Le dije: ‘ya no me grabe más’. Él se quita de donde está, recuerdo que me fui hacia una especie de mesa de noche a agarrar las cosas que había olvidado y ahí es cuando siento que él me agarra por detrás del cuello, del pelo, y ahí empieza la pesadilla. Me tira al piso, me arrastra por el pasillo del apartamento. Yo trato de soltarme y no lo logro. Él mide 1.90, yo mido 1.60, no pude soltarme. Yo empecé a pedir ayuda a mi mánager, que también vive en esa casa, gritaba y pedía auxilio. Él abre el ascensor del apartamento -es de esos apartamentos donde el ascensor llega directo- y cuando me tira ahí al ascensor, recuerdo que con la mano abierta me tira fuertísimo acá (en el rostro), yo quedo aturdida, lo miro y sigo pidiendo ayuda, pero luego viene un puñetazo en mi cara que me deja mal.

Yo luego no recuerdo muy bien cuántos golpes más fueron, patadas, no me logro acordar bien. Solo sé que yo gritaba y gritaba, pedía ayuda y luego el hermano de mi mánager sale al ascensor y lo mira. Alejandro García frena los puños, los golpes. En ese momento, no sé cómo hice, salí corriendo a la puerta de la habitación de mi mánager y empiezo a tocarle, a pedirle que por favor me auxilie… Gabriel me abre y yo entro a la habitación, me dolía mucho mi cara y yo le empecé a decir que me ayudara, que tenía mucho dolor, que me llevara al hospital, que Alejandro García me acababa de pegar. Él (Gabriel) no me respondió nada, me dice que me tranquilice, que me acueste. Yo trato de acostarme, pero el dolor no me deja. Entonces él sale, en ese momento entra Alejandro García diciéndome que yo estaba loca, que yo era una loca, que mire lo que yo le hacía hacerme. Gabriel luego viene con una toalla para que yo me tape la sangre, me la limpie, pero yo les decía: ‘llévenme a un hospital, ayúdenme, me duele mi cara. ¿Ya (Alejandro) había hecho esto antes? ¿Él era así? ¿Por qué no me dijo nada?’, y no me contestó nada.

Yo luego me quedo sola y me veo en un espejo y ahí es cuando soy consciente de cómo estaba: tenía la cara llena de sangre, no podía abrir el ojo. Sentí muchísimo miedo, no tenía claridad de las cosas, como que todo pasaba tan rápido y sentí mucho, mucho miedo. Dije: ‘estoy sola en otro país, en un apartamento de un noveno piso con tres hombres, hay uno que me golpea, pido ayuda y nadie hace nada’. Yo camino al ascensor, no tengo claridad dónde estaría Alejandro, yo solo siento un instinto de supervivencia, de me tengo que ir de aquí, tengo que ir a un hospital. Ya empezaba como a marearme, a sentir que en cualquier momento me iba a desmayar, y me hice unas fotos, unos videos. Lo que se me ocurrió fue: hago un video, diciendo dónde estoy, la hora, quién me pegó, pidiendo ayuda. Decía: ‘si me desmayo, qué va a pasar conmigo. Este tipo puede venir y rematarme y nadie va a saber, mis papás no van a saber qué pasó conmigo’. Entonces yo hago este video y se lo mando a cuatro personas y salgo de ese apartamento, llego a la portería y en la portería le digo al vigilante que por favor llame a la Policía, que me ayude a avisar a la Policía y él me dice que no puede hacerlo porque tiene que avisar a la administración para que autorice la llamada a la Policía. Yo estaba desesperada y le decía: ‘míreme cómo estoy, por solidaridad ayúdeme. Yo puedo ser su hermana, su mamá, ayúdeme por favor’. Él me dice: ‘pues llame al 911’. Entonces yo llamé al 911 y sentía que ya se me iban las luces, sentía un pitido en los oídos. Yo decía: ‘Dios mío, tengo que ser fuerte, Eileen tienes que aguantar’. Llamo al 911 y alguien me contesta. Solo recuerdo que me decían del otro lado: ‘niña, cálmese, diga despacio la dirección en la que está’. Yo creo que estaba gritando como… ‘por favor, ayúdenme, estoy en tal dirección, Alejandro García, mi novio, me acaba de golpear. Necesito una ambulancia, estoy herida’. Cuelgo y el portero del edificio llama a Alejandro por el citófono y le dice: ‘la señorita acaba de llamar a la Policía’. Estoy ahí unos momentos y Alejandro García baja a arrodillarse, a suplicarme que por favor no lo denuncie, al tiempo que me insultaba… ‘hija de tal por cual, cómo me vas a meter preso, cómo llamaste a la Policía, te pago lo que sea, no hables’. Yo me fui como hacia un rincón -hay un video de esto que estoy diciéndoles-, él sigue arrodillado, rogando que no diga nada. Yo tenía mucho miedo, yo decía: ‘ahora que este hombre me vuelva a pegar’. Yo peleaba y le decía: ‘mire lo que me hizo, mire lo que me hizo’. Entonces, finalmente la Policía llega, yo salgo y estaba desesperada. Le decía al policía: ‘él me pegó’, Alejandro García estaba en el piso -esto está grabado en una cámara de seguridad de la calle-, arrodillado rogándome y el policía me hace a un lado y yo digo: ‘él me pego’, todo el tiempo lo denuncié. Me lleva a la patrulla y yo le decía al policía: ‘ayúdenme con un médico, con un paramédico, mi cara me duele’. Yo ya decía… ‘no sé cuánto tiempo voy a aguantar’. Pero el policía me dijo: ‘señorita, ¿está segura de denunciar? Es que ustedes denuncian y luego se arrepienten, entonces lo denuncia ahora y a las tres de la tarde va a decir que ya no que porque lo quiere’. Y yo le decía: ‘no puedo creerlo, vea cómo me dejó’.

No sé cuánto tiempo pasó, pudo haber sido dos minutos que para mí fueron horas. Llegó el paramédico, me miró y me dijo: ‘no, señorita, no la puedo llevar a un hospital porque son solo unos moretones’. Y yo le decía: ‘pero ayúdeme, no tengo a nadie, yo soy extranjera’. Y me dicen al final los policías: ‘pues si quiere, la patrulla la puede llevar a un puesto de taxis y, del puesto de taxis, usted se va al hospital que quiera’. Yo ya estaba tan desesperada y tan mareada que le dije: ‘sí, llévenme’. Me llevan en la patrulla a un puesto de taxis, yo agarro un taxi así, llena de sangre, con mi bolso, y le digo al taxista que por favor me lleve al Hospital Español. Iba sola hasta el hospital, pero ya sentía que mi cuerpo no daba más, entonces me empecé a hacer videos como para mandarle a mis amigas, a mi familia, como… ‘miren, estoy vestida de tal manera, voy en un taxi, voy para tal hospital’, porque ya sentí miedo. Pensé: ‘si me le muero al taxista, este man me bota en cualquier lado y qué’. Estaba demasiado angustiada, pero me puse en estado de alerta, como ‘voy a luchar por mi vida’. Ahora lo recuerdo y digo: ‘para que yo haya reaccionado así, estando en el estado de salud tan grave en el que estaba, es como un instinto de supervivencia, tengo que luchar por mi vida. Si tengo que correr, corro; si tengo que gritar, grito’. Me grabé, llegué al hospital, pagué el taxi, literalmente abracé al portero del Hospital Español, y hasta ahí supe, ya no tuve más fuerzas.

No sé si él (Alejandro) estaría muy tomado o no, solo sé que bajo ninguna circunstancia… todas las parejas discuten, tienen problemas, la gente siente celos, desacuerdos, disgustos, lo que sea, pero nada, absolutamente nada, justifica que una persona te agreda al nivel de hacerte fracturas en la cara, causarte fracturas en la cara como me las causó a mí, que terminé en la clínica, con unas heridas tan graves. Por una pelea, porque un hombre sienta que puede mandar sobre ti y sobre tu cuerpo y gobernarte, y poder sentir la fuerza para querer agredirte, eso nada lo justifica. No tiene porque existir un detonante, no hay una justificación para esto.

Yo llevaba dos meses con él, yo empecé a salir con él a finales de mayo, a finales de mayo empezamos como a dar oportunidad a una relación y yo llevaba dos semanas en su casa cuando sucedió todo esto. Es muy poco tiempo y en este poco tiempo él sí había demostrado ser celoso por teléfono si yo no le contestaba. Yo estaba grabando una novela en Popayán y, si no le contestaba el WhatsApp, se enojaba y se hacía videos. Pero yo ignoré esta señal, yo lo tomé como celitos. No me imaginé nunca que llegara al nivel de violencia que llegó. Si algún día me hubiese empujado o algo, yo no me hubiese sentido con la confianza de llegar a su casa.

Desde el primer momento que llamo al 911, yo denuncio que Alejandro García me agredió. Cuando llego al hospital lo seguí diciendo, cuando un médico me pregunto. Pero, posteriormente a eso, una amiga mía, que ha sido como un ángel en este proceso, logró comunicarse con el consulado colombiano y el consulado me dio la mano y pudimos hacer la denuncia a las autoridades. Empezó en la delegación de Cuauhtémoc, ya está en la Procuraduría de la Ciudad de México. Y he tenido como todo ese acompañamiento legal.

A mí me ha costado mucho trabajo. Esto ocurrió en julio y, primero, todo el proceso de recuperación médica, la cirugía, me pusieron un implante de titanio, tornillos en la órbita izquierda. Todo este proceso de recuperación física ha sido muy difícil, pero también denunciarlo públicamente no es fácil. Yo, en medio de todo, me atrevo a hacerlo público porque siento que cuando una mujer es agredida y no denuncia a su agresor, se vuelve cómplice de él; si yo lo estoy denunciando a él ahora, estoy dando un aviso a otras mujeres. Si yo hubiese sabido que él tenía esos comportamientos, yo no me fijo en él. Por eso es importante hacer las denuncias y que las mujeres sientan la confianza de ir a las autoridades y denunciar. Si lo pueden hacer público, que lo hagan, porque hay que solidarizarse con estos temas que uno cree que nunca le van a pasar. Yo pensaba que yo era intocable, que a mí nunca me iba a pasar esto, me consideraba lo suficientemente independiente, pero es que ninguna mujer está exenta a caer en los brazos de un pegón, y por eso tomo la decisión de hacer esta denuncia pública para unirnos las mujeres, las que son amas de casa o chicas con sus novios aguantando golpes calladas. Usted no puede permitir eso, uno tiene que armarse de valor, dejarlos, irse y pedir ayuda, porque uno vale como persona y nadie, bajo ninguna circunstancia, tiene derecho a golpearte.

Hay muchos compañeros actores, gente del medio, preocupada. Les agradezco muchísimo porque son personas buenas que me quieren y estaban preocupadas porque yo estaba desaparecida. Yo no había vuelto a contestar WhatsApp, a publicar cosas en Instagram, estaba desaparecida porque ya ni salgo a la calle. Es una situación tan humillante, hay días en que yo no he querido hablar con nadie, de estar encerrada porque me da pena que me vean así.

Agradezco muchísimo el apoyo, tenía mucho miedo porque hay gente cruel también, que de pronto fueran a decir ‘es una provocadora, quién sabe, debe ser cansona, celosa’, esas frases machistas que van haciendo mella en la mente y, por eso, muchas mujeres no se atreven a denunciar. Yo decido hacerlo, hacerlo también en redes, y la respuesta de la gente ha sido muy buena. Ojalá de verdad aparezcan más personas a las que les haya sucedido algo así y denuncien, lo hagan público y se unan a este tema, porque esto no puede seguir pasando.

Para mis papás esto ha sido muy doloroso, muy duro. A veces sentía que como hija les había fallado, pero todo mundo me dice que no, que yo no soy culpable de ser una víctima.

Tengo fracturas múltiples de los huesos propios de la nariz, fractura de la órbita izquierda. No sé muy bien los términos médicos, lo que me explican es que en alguno de los golpes me fracturó el hueso de acá (abajo del ojo) y esto hace que la grasita que recubre, que protege al ojo, se escurra hacia el seno paranasal. En el ojo izquierdo tengo un desplazamiento hacia abajo, por eso me tuvieron que meter la malla de titanio y dos tornillos para lograr que mi ojo subiera y se empiece a desinflamar. Y moretones por todo el cuerpo, me dolía mucho una costilla. Tengo una incapacidad bastante larga”.

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