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Un mes del Paro Nacional

Samuel Jiménez Rodríguez, politólogo Universidad de Buenos Aires, Argentina

El pasado 28 de mayo miles de personas en todo el país se movilizaron para celebrar un mes de paro y resistencia, que ha marcado un significado histórico sobre el poder real de un derecho fundamental como la protesta social, amparada en el artículo 37 de la constitución política.

Lo que en principio comenzó como una expresión de inconformidad por una Reforma Tributaria (arbitraria, regresiva y no consensuada) se convirtió en un motor de fuerza que adquirió su propia dinámica y encontró en los jóvenes una razón de lucha, dispuestos a entregar su vida en un contexto de violencia, muertes, desapariciones y represión.

El significado histórico de esta protesta social, deviene de los triunfos en términos de salud, vivienda, trabajo, juventud, pero en especial en educación como componente fundamental de transformación social. En ese sentido el paro nacional logró varias victorias, la primera de ellas es el reconocimiento como actor social que se desconocía y que gracias a la movilización logró apropiarse del debate y la escena pública.

Posteriormente el retiro de una injusta reforma tributaria sumado a la renuncia del Ministro de Hacienda, la caída de la reforma a la salud, programas de acceso a vivienda propia, la generación de empleo digno e incentivos a empresas para que contratar jóvenes, y en especial, la Matrícula Cero para el segundo semestre a todo los estudiantes de universidades públicas de los estratos 1, 2 y 3 sientan un precedente sobre el poder de la protesta social en Colombia.

Por otro lado el Paro Nacional adquiere un significado histórico por los niveles de represión y violencia por parte de la Fuerza Pública, la militarización, los muertos, desaparecidos, heridos, excesos de la policía y el esmad sumado a la falta de actuación de las instituciones de control. Estos factores se tornan el común denominador durante las manifestaciones y donde un celular con cámara se convierte en una herramienta de defensa contra los abusos de la fuerza pública.

Es histórica la presión que se ejerció desde instituciones multilaterales como la ONU, la CIDH, la OEA así como la presión por parte de la Unión Europea Y Estados Unidos, para velar por el respeto de los derechos humanos en el ejercicio de la protesta social. Es histórico la desconexión de la clase política con su electorado, los niveles de favorabilidad y aceptación hacia el gobierno cayeron a niveles nunca antes visto, los ciudadanos acudieron a la protesta, a los bloqueos para exigir democracia, para exigir justicia, mientras los gobiernos locales hacían todo lo posible para crear los escenarios de dialogo y concertación con el objetivo de responder a las demandas de los líderes de las movilizaciones sin ningún efecto.

Y por último, puede ser histórico que la crisis actual por la que atraviesa Colombia sea un factor de incidencia fundamental para las próximas elecciones legislativas y presidenciales del 2022, en donde el electorado deberá analizar el accionar de sus líderes políticos durante la pandemia, el paro nacional y el último año preelectoral donde exponen toda su maquinaria política para obtener una banca en el congreso.

En términos generales no es posible deslegitimar el proceso histórico actual de la protesta social, los muertos de un lado y otro no pueden quedar impunes, la incertidumbre del futuro no puede ser la premisa, la pobreza, la pandemia, los bloqueos y la coyuntura actual no pueden desmoralizar los triunfos de las movilizaciones que a la fecha cumplen más de 40 días de lucha y resistencia.

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